La Capilla del Diablo

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Corrientes, Argentina
Iglesia
9.2 (74 reseñas)

Construida a principios del siglo XX en la provincia de Corrientes, Argentina, la conocida popularmente como Capilla del Diablo constituye uno de los testimonios más singulares del arte sacro y la arquitectura religiosa de la región. Aunque su nombre oficial es Capilla Nuestra Señora del Buen Consejo, el apelativo que la identifica responde a una historia tan particular como su estética interior, resultado del trabajo obsesivo de un solo hombre que dejó en la madera una huella difícil de igualar.

El responsable de esta obra fue Lorenzo Tomasella, un inmigrante italiano que llegó a la zona de Colonia Carolina, en el departamento de Goya, y decidió levantar con sus propias manos un pequeño templo dedicado a la Virgen. Lo que en un principio parecía un acto de devoción convencional fue transformándose, con el paso de los años, en un proyecto artístico único: Tomasella esculpió él mismo cada una de las figuras de madera que adornan el santuario, inspirándose para los rostros en los rasgos de sus propios hijos, lo que otorga a las piezas un aire íntimo y familiar.

Sin embargo, lo que realmente distingue a esta iglesia de otras construcciones similares de la zona es la incorporación deliberada de aterradoras imágenes del infierno. En el mismo espacio donde se venera a la Virgen conviven demonios, almas en pena y escenas de condena eterna, una dualidad entre lo sagrado y lo profano que le valió el sobrenombre con el que hoy la conocen visitantes y locales. Para quienes logran acceder al interior, el contraste resulta impactante: la misma mano que talló figuras devotas esculpió también seres que parecen sacados de las peores pesadillas.

Más allá de su valor simbólico, la capilla es reconocida por quienes la han visitado como una pieza excepcional del patrimonio religioso correntino. Varios visitantes destacan el trabajo artesanal de Tomasella, describiéndolo como la obra de un gran artista antes que como la de un simple constructor. Las tallas, realizadas íntegramente en madera, reflejan una dedicación y un nivel de detalle que sorprende incluso a quienes llegan sin demasiadas expectativas.

Un recorrido por su entorno

La capilla se encuentra enclavada en Colonia Carolina, una zona de colonias agrícolas donde el paisaje rural enmarca la visita. Quienes se acercan hasta el lugar suelen combinar el paso por este santuario con recorridos en bicicleta por los caminos vecinales, ya que la tranquilidad del entorno y la escasa circulación vehicular lo convierten en un punto ideal para una jornada de turismo cultural y al mismo tiempo contemplativo.

El lugar de culto forma parte del circuito de parroquias y pequeñas edificaciones religiosas que aún se conservan en el interior de Corrientes, muchas de ellas levantadas por comunidades de inmigrantes europeos durante las primeras décadas del siglo pasado. En ese sentido, la Capilla del Diablo es heredera directa de una tradición de arquitectura religiosa modesta pero cargada de simbolismo, donde la fe y la creatividad personal se daban la mano para dejar un legado que perdura más allá de la vida de sus constructores.

Cómo acceder al interior: el principal desafío

Si hay un aspecto que los visitantes mencionan de manera recurrente, es la dificultad para acceder al interior de la iglesia. Múltiples reseñas coinciden en que la capilla suele estar cerrada con candado, y la llave no queda a disposición del público en el lugar. Quienes han logrado recorrerla señalan que fue necesario contactar a algún vecino o paisano de la zona, generalmente alguien que trabaja las tierras cercanas, para que les abriera la puerta y pudieran apreciar las tallas en su totalidad.

Esta situación genera frustración entre los viajeros que recorren largas distancias expecting encontrar un horario de apertura o un responsable permanente en el sitio. La recomendación más extendida, y al mismo tiempo la más práctica, es comunicarse previamente con referentes de la comunidad de Colonia Carolina o informarse en el municipio de Goya acerca de quién custodia actualmente las llaves del templo.

Lo que se puede apreciar en el exterior

Aun cuando la puerta principal permanezca cerrada, acercarse hasta la capilla ya ofrece una experiencia worthwhile. La fachada, sencilla pero cargada de personalidad, permite hacerse una idea del carácter del edificio. Las fotografías compartidas por visitantes muestran una construcción de dimensiones reducidas, típica de las capillas rurales levantadas por inmigrantes, con detalles que anticipan la riqueza artística del interior.

Para los amantes del arte sacro, del turismo religioso o de la historia regional, el viaje hasta este punto de Corrientes resulta atractivo incluso solo para observar la estructura externa y tomar registro fotográfico del contexto. La atmósfera rural que la rodea, con campos de cultivo y horizontes abiertos, aporta un marco singular al lugar de culto.

Lo positivo y lo negativo según quienes la visitaron

Entre los aspectos más valorados por los visitantes se encuentran la calidad artística de las tallas, la originalidad del concepto que mezcla devoción mariana con representaciones infernales, y la sensación de estar frente a una obra absolutamente personal, sin intervención de otros artistas. Para coleccionistas de experiencias singulares, amantes de lo insólito y quienes se interesan por el patrimonio religioso menos convencional, la Capilla del Diablo es una parada obligada en cualquier recorrida por el sur de Corrientes.

En el otro extremo, la falta de un horario estable de apertura, la ausencia de información accesible sobre cómo coordinar la visita y la dependencia de un tercero para abrir las puertas son los puntos que más se repiten como aspectos negativos. Quienes han viajado sin haber resuelto previamente el acceso suelen regresar con la sensación de no haber podido aprovechar la visita.

Consejos prácticos para quien quiera conocerla

Antes de emprender el viaje, lo más recomendable es intentar ubicar a algún referente local que pueda acompañar la visita o facilitar el acceso al interior. Llevar cámara fotográfica es prácticamente indispensable, ya que tanto el exterior como el interior merecen ser documentados. También conviene planificar la visita con tiempo holgudo, previendo que la capilla se encuentra en una zona rural y los servicios cercanos son escasos.

Para los interesados en el arte sacro, en las iglesias con historia o en el turismo de parroquias singulares, este rincón de Corrientes guarda un tesoro que, aunque de difícil acceso, recompensa ampliamente a quienes se toman el trabajo de descubrirlo. La Capilla del Diablo no es solo un templo: es la huella de un hombre que quiso dejar su fe y sus fantasmas grabados para siempre en la madera.

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