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Iglesia de San Francisco de Paula

Iglesia de San Francisco de Paula

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Uquía, Jujuy, Argentina
Atracción turística Iglesia
9.4 (6054 reseñas)

En el corazón del pueblo de Uquía, una pequeña localidad ubicada a unos 120 kilómetros de San Salvador de Jujuy, se levanta una construcción que lleva más de tres siglos resistiendo el paso del tiempo. La Iglesia de San Francisco de Paula es un templo colonial declarado Monumento Histórico Nacional en 1941, cuyos gruesos muros de adobe de casi un metro de espesor narran en silencio la historia del noroeste argentino. Construida hacia 1691 sobre las bases de una capilla anterior levantada por el padre Vieyra de la Mota, esta parroquia se consolidó como un anexo de la encomienda de Humahuaca y como punto de referencia religioso y cultural para toda la Quebrada.

El acceso al templo es gratuito y permanece abierto al público durante toda la semana, aunque con horarios que varían según el día. De lunes a jueves, las puertas se abren de 10 a 13 y de 14 a 17 horas, mientras que viernes, sábados y domingos el horario se extiende de 9 a 17 sin interrupción. Esta disponibilidad amplia permite que tanto viajeros que recorren la Quebrada de Humahuaca como vecinos locales puedan acercarse a conocer uno de los patrimonios artísticos más singulares del país.

Una arquitectura colonial que desafía el tiempo

La iglesia responde a un diseño de nave única orientada hacia el este, con un atrio cerrado, una torre exenta y una sacristía adosada al muro norte. Su estructura portante está compuesta por muros de adobe de aproximadamente un metro de grosor, mientras que la cubierta a dos aguas descansa sobre armazones de madera de cardón con cielorraso de la misma especie y terminación en torta de barro. Este sistema constructivo, característico de la arquitectura colonial andina, ha permitido que la capilla se conserve prácticamente intacta desde su fundación, atravesando ajustes menores a lo largo de las décadas.

El campanario, construido también con adobe y madera de cardón, alberga cuatro campanas asimétricas cuya fundición se remonta a épocas coloniales. Quienes prestan atención a los detalles constructivos pueden identificar la viga collar de madera que recorre el perímetro de la nave principal, un recurso técnico que aporta solidez a las cerchas y define el carácter rústico y a la vez solemne del recinto.

El retablo dorado y la escuela cuzqueña

El elemento más impactante del interior es, sin dudas, el retablo mayor dorado a la hoja, donado en 1699 por Lázaro Murueta, por entonces teniente de gobernador de Jujuy. Tallado íntegramente en madera y recubierto con finas láminas de oro, este altar de tres calles y tres cuerpos es considerado único en toda la región por su factura y su nivel de preservación. La luz tenue del interior permite apreciar los relieves dorados y crea una atmósfera que muchos visitantes describen como sobrecogedora.

Acompañando al altar, la iglesia custodia una colección singular de pinturas conocidas como los ángeles arcabuceros. Estas obras, atribuidas a la escuela cuzqueña, fueron producidas durante la época colonial en el Virreinato del Perú, cuando Cuzco funcionaba como centro productor de imágenes religiosas para toda la colonia. Lo peculiar de estos lienzos es que representan a las figuras celestiales vestidas con uniformes de militares españoles de la época de Carlos II, portando sombreros de ala ancha, capas brocadas y, sobre todo, armas de fuego como los arcabuces. Según los historiadores, estas composiciones buscaban asociar la imagen de los ángeles con la figura del conquistador, reforzando simbólicamente el dominio español durante la evangelización de los pueblos originarios. Se conservan nueve de estos cuadros originales en las paredes laterales de la nave, configurando uno de los conjuntos más importantes de este estilo en el mundo.

Una visita con que marca la diferencia

Numerosos visitantes coinciden en que pedir por Gloria o por los guías voluntarios que custodian la capilla transforma radicalmente la experiencia. Estos cuidadores, muchos de ellos habitantes del propio pueblo de Uquía, suelen narrar con pasión los detalles de la fundación del poblado, la llegada de los españoles, el significado oculto detrás de las pinturas y anécdotas vinculadas a las festividades patronales del 3 de mayo, día de San Francisco de Paula. Quienes llegan con tiempo y se toman el trabajo de conversar con ellos salen del templo con una comprensión mucho más profunda del contexto histórico y cultural.

Aspectos a tener en cuenta antes de visitar

Como punto negativo más mencionado por los viajeros, la iglesia no permite tomar fotografías en su interior. La restricción responde a una disposición orientada a preservar las obras del altar y las pinturas coloniales, pero genera frustración entre quienes quieren llevarse un recuerdo visual del recorrido. Aunque la prohibición incluye celulares sin flash, conviene respetarla para colaborar con la conservación del patrimonio.

Otro aspecto práctico que genera quejas ocasionales es la disponibilidad limitada de sanitarios para los visitantes, ya que su acceso depende generalmente de la presencia del cuidador y, en ciertos horarios, puede no haber nadie a cargo para abrirlos. También se han reportado casos de cierres sorpresivos sin aviso previo, por lo que se recomienda llegar con margen de tiempo, especialmente durante los días de semana.

Algunas reseñas mencionan además que la atención por parte de ciertos encargados no siempre resulta amable, dependiendo de quién se encuentre custodiando la parroquia ese día. Sin embargo, la mayoría de los visitantes destacan la calidez y dedicación del equipo habitual.

Entorno y atractivo del pueblo

El pueblo de Uquía en sí mismo es motivo suficiente para detener la marcha. Sus calles rodeadas de casas de adobe conservan el aire tradicional quebradeño, y en la plaza contigua a la iglesia se instala una feria de artesanos con precios que, según los visitantes, resultan más accesibles que en otros puntos turísticos del recorrido por la Quebrada, como Purmamarca o Tilcara. Al salir del templo, es habitual que los artesanos ofrezcan tejidos, cerámicas y piezas regionales a los visitantes.

Muy cerca se accede a la Quebrada de las Señoritas, un paseo de singular belleza que puede contratarse con guías locales en una garita instalada a pocos metros de la iglesia. La combinación de patrimonio cultural y naturaleza convierte a Uquía en una parada obligada en cualquier itinerario por la Quebrada de Humahuaca.

Para quienes planeen la visita, conviene tener en cuenta que la Iglesia de San Francisco de Paula se encuentra en pleno centro del pueblo, muy próxima a la ruta nacional 9, lo que facilita el acceso tanto en auto como en transporte público. Quienes lleguen desde Humahuaca deben retroceder apenas unos kilómetros, mientras que desde Tilcara el trayecto es similar, lo que la convierte en una excelente opción de parada intermedia a pocos kilómetros del Hornocal.

La parroquia representa, en definitiva, una de las expresiones más auténticas del arte colonial en el norte argentino. Su valor histórico, la rareza de sus pinturas y la solemnidad de su altar dorado justifican ampliamente la visita, siempre que se concurra con predisposición para descubrir un tesoro que permanece casi intacto desde finales del siglo XVII.

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