Comunidad eclesial de base Beata Laura Vicuña
AtrásLa Comunidad Eclesial de Base Beata Laura Vicuña, ubicada sobre la calle French al 10397, en el barrio Ameghino de Mar del Plata, constituye una de las expresiones más singulares del catolicismo local. No se trata de una parroquia tradicional ni de un gran templo institucional: responde al modelo de las comunidades eclesiales de base (CEB), pequeñas células de fe surgidas en América Latina que priorizan la cercanía entre sus miembros, la lectura comunitaria de la Biblia y una militancia cristiana comprometida con el entorno social. Quien se acerque por primera vez debe saber que la experiencia será distinta a la de una iglesia convencional.
Para comprender lo que esta comunidad cristiana ofrece, conviene entender qué es una CEB. Nacidas al calor del Concilio Vaticano II y la Teología de la Liberación en las décadas de 1960 y 1970, las comunidades eclesiales de base se caracterizan por ser grupos reducidos, generalmente conducidos por laicos, que se reúnen periódicamente en espacios sencillos: casas de familia, galpones, capillas modestas o, como en este caso, un local adaptado en una zona periférica de la ciudad. La misa, cuando se celebra, suele ser concelebrada con un sacerdote que acompaña desde fuera, pero la vida cotidiana gira en torno a la oración, la reflexión del Evangelio y las tareas solidarias con el barrio.
El nombre que identifica a esta capilla no es casual. Laura Vicuña fue una joven nacida en Santiago de Chile en 1891 que, tras acompañar a su madre a la Argentina, vivió una infancia marcada por el sufrimiento. Falleció en 1904 con apenas doce años y fue beatificada por el papa Juan Pablo II en 1988, tras el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión. Su figura es recordada especialmente por su testimonio de pureza y entrega, y es invocada como patrona de víctimas de abusos y de jóvenes en contextos vulnerables. Nombrar a una comunidad eclesial bajo su advocación implica, para los vecinos del barrio Ameghino, un compromiso concreto con los más chicos y con quienes atraviesan situaciones de riesgo, valores que se reflejan en el trabajo territorial que la agrupación suele desarrollar.
El barrio Ameghino, en la zona oeste de Mar del Plata, es un sector de calles tranquilas, casas bajas y una población mayoritariamente obrera. La parroquia más cercana en términos formales puede estar a varias cuadras, por lo que la presencia de esta iglesia resulta significativa para los vecinos que buscan un espacio de oración y contención sin tener que trasladarse al centro o a los santuarios más conocidos de la ciudad. Para quienes viven en el propio barrio, la Comunidad Eclesial de Base Beata Laura Vicuña funciona casi como una capilla barrial, un punto de referencia para celebraciones puntuales, reuniones de catequesis y acciones solidarias.
En cuanto a la dinámica interna, estas comunidades eclesiales de base suelen organizar sus actividades en torno a tres ejes: la vida litúrgica, la formación bíblica y el servicio comunitario. La vida litúrgica incluye la celebración de la misa, por lo general una o dos veces por mes, ya que al no ser una parroquia constituida no cuentan con un párroco residente; esta tarea queda en manos de sacerdotes diocesanos que acompañan pastoralmente. La formación bíblica se realiza mediante encuentros periódicos donde los participantes comparten la lectura de los textos sagrados, un método conocido como ‘ver, juzgar y actuar’, típico de la pedagogía de las CEB. El servicio comunitario, por último, puede traducirse en roperitos, copa de leche, acompañamiento a familias en conflicto o tareas de alfabetización, según las necesidades del barrio.
Entre los aspectos positivos que suelen destacar quienes frecuentan este tipo de comunidades cristianas se cuentan la calidez humana del grupo, la posibilidad real de ser escuchado y conocido por nombre, y un mayor margen para que los laicos asuman responsabilidades dentro de la iglesia. En una parroquia grande, en cambio, el anonimato es más frecuente y la participación activa de los fieles suele limitarse a roles auxiliares. Para personas que provienen de otras tradiciones, que están redescubriendo su fe o que simplemente prefieren un ambiente menos protocolar, esta capilla puede resultar una puerta de entrada amable a la vida eclesial.
Sin embargo, también es necesario señalar las limitaciones que un visitante debe conocer antes de acercarse. Al no tratarse de una parroquia formalmente constituida, la Comunidad Eclesial de Base Beata Laura Vicuña no ofrece con regularidad los mismos servicios que un templo institucional: no es lugar habitual para solicitar partidas de bautismo, certificados de comunión, confirmación o documentación para matrimonio, ya que esos trámites corresponden a la parroquia territorial de cada feligrés. Tampoco cuenta, en la mayoría de los casos, con un sacerdote permanente en el lugar, por lo que la misa no se celebra con la frecuencia de un templo parroquial ni se ofrece atención de confesión o unción de enfermos de manera estable. Quien busque la misa dominical con seguridad de horario probablemente deberá complementar esta experiencia con la asistencia a una parroquia cercana.
Otro punto a considerar es la accesibilidad. El local de French 10397 se encuentra en una cuadra residencial, sin señalización monumental ni grandes carteles que lo hagan evidente a simple vista desde la calle, algo habitual en las comunidades eclesiales de base. Para llegar, lo más recomendable es preguntar directamente a los vecinos del barrio o contactarse previamente con algún referente de la comunidad para confirmar día y hora de los encuentros. Quienes lleguen sin aviso previo pueden encontrar las puertas cerradas, ya que la capilla no funciona como un templo abierto al público en horarios fijos.
Para los fieles católicos que valoran la espiritualidad ligada al compromiso social, la Comunidad Eclesial de Base Beata Laura Vicuña puede ser una alternativa coherente con su búsqueda. Para quienes necesiten la estructura administrativa, la regularidad litúrgica y los servicios documentales de una parroquia tradicional, conviene tener presente que esta iglesia cumple un rol complementario más que sustitutivo. La invitación, en definitiva, está abierta: acercarse con respeto, conocer a quienes la integran y evaluar si el estilo de esta comunidad coincide con lo que se está buscando. En cualquier caso, su sola presencia en el barrio Ameghino recuerda que la fe católica en Mar del Plata no se vive solamente dentro de los grandes santuarios o las parroquias del centro, sino también en estos pequeños y valiosos rincones de barrio.