Capilla Santa Cecilia
AtrásLa Capilla Santa Cecilia de Mar del Plata ocupa un lugar privilegiado en la memoria de la ciudad: se trata del primer templo religioso que se levantó en el partido de General Pueyrredón, construido por iniciativa del fundador Patricio Peralta Ramos en 1873, un año antes de la fundación formal de la localidad. Su origen está atravesado por un hecho íntimo y conmovedor, ya que el propietario la mandó edificar como homenaje a su esposa, fallecida tras dar a luz a su decimocuarto hijo. Este dato le otorga al edificio un valor sentimental que va mucho más allá de lo arquitectónico.
Además de su condición como la primera iglesia de Mar del Plata, la capilla ostenta otro título histórico singular: desde su frente, el ingeniero Chapeaurouge tomó referencia para trazar la cuadrícula de calles que luego daría forma a la ciudad. En otras palabras, todo el damero marplatense nace geométricamente a partir de esta capilla fundacional, motivo por el cual cada vez más visitantes la incluyen en sus recorridos patrimoniales por la loma de Santa Cecilia.
En cuanto a su construcción, quienes la han conocido por dentro destacan su carácter modesto y a la vez delicado. Es un templo pequeño, de fachada sencilla pero muy cuidada, donde sobresalen las vigas del techo, fabricadas con madera rescatada de un barco que había encallado en la costa local. Este detalle le confiere una atmósfera particular y vincula al edificio con la historia naval y portuaria de la región, sumando un capítulo más a la identidad de las capillas históricas de la provincia de Buenos Aires.
La advocación original del templo está dedicada a Santa Cecilia, patrona de la música, aunque con el correr del tiempo suele asociárselo erróneamente con la Virgen del Huerto, debido a que desde hace décadas está bajo el cuidado de la Congregación de las Hermanas del Huerto, quienes administran además el Colegio Santa Cecilia, una conocida institución educativa ubicada en el mismo predio de calle Córdoba 1338.
Para quienes buscan visitarla, hay que tener presente un dato práctico: la Capilla Santa Cecilia no funciona como una parroquia de puertas abiertas todo el día. Por su dependencia del colegio y la falta de un sacerdote permanente, el acceso del público se encuentra limitado y solo se habilita en ocasiones muy puntuales, frecuentemente una vez al mes cuando se celebra la misa para la comunidad. De acuerdo con los testimonios de quienes lograron ingresar, los horarios suelen publicarse en un portón de madera a la derecha del ingreso principal, y conviene consultarlos previamente con las religiosas del lugar antes de acercarse.
Según la información disponible en plataformas digitales, el horario indicado es de lunes a viernes de 9:00 a 19:00 y los fines de semana permanece cerrada; sin embargo, múltiples visitantes que se han presentado en ese rango horario relatan haberse encontrado con la puerta cerrada sin recibir explicaciones claras. Esta disparidad entre el horario publicado y la atención real es uno de los puntos que más críticas recibe el lugar.
Entre los aspectos negativos más señalados por los fieles se destaca la frustración de quienes llegan desde otras ciudades luego de planificar el viaje, se encuentran con la capilla cerrada y no obtienen respuestas concretas. Algunos han telefoneado al número de contacto, el 0223 495-0670, y han sido atendidos de forma poco cordial, lo que aumenta la insatisfacción. También se menciona la falta de acceso adecuado para personas con discapacidad y la escasa señalización exterior que indique los días y horarios reales de apertura. Para muchos, el hecho de que un sitio histórico de esta relevancia permanezca inaccesible la mayor parte del tiempo genera una sensación de patrimonio desaprovechado.
Otro punto que genera confusión es que las reseñas aparecen mezcladas con las del Colegio Santa Cecilia, por lo que se pueden leer opiniones sobre cuotas escolares, trato docente o plataformas virtuales que nada tienen que ver con la capilla en sí. Esto dificulta conocer la verdadera valoración del templo como lugar de culto independiente.
Más allá de estas cuestiones, la Capilla Santa Cecilia conserva intacto su encanto para quienes tienen la suerte de ingresar. Visitantes la describen como un sitio hermoso, bien mantenido, con una paz que invita al recogimiento y la oración. Varios feligreses comentan que allí recibieron sacramentos importantes para sus familias, como bautismos y primeras comuniones, lo que la convierte en un espacio de fe cargado de recuerdos personales.
También sobresale como punto de referencia urbano: en la época en que fue levantada, la silueta de la capilla servía de guía a los pescadores para confirmar que estaban arribando al puerto de Mar del Plata, función de orientación que conserva simbólicamente al ser considerada el origen geográfico de la ciudad.
Para los interesados en la arquitectura religiosa y en el patrimonio histórico de la provincia de Buenos Aires, esta capilla es una visita obligada al recorrer la loma de Santa Cecilia. Quienes quieran asegurarse de encontrarla abierta deberían contactarse previamente con las Hermanas del Huerto o consultar las redes del Colegio Santa Cecilia, donde eventualmente se publican las fechas de las celebraciones litúrgicas y las jornadas de puertas abiertas.
Se recomienda además combinar la visita con un recorrido por el casco histórico fundacional de Mar del Plata, ya que en las cercanías se emplazaban las primeras casas del poblado y el antiguo cementerio de la ciudad, hoy desaparecido, lo que permite dimensionar el contexto original en el que esta capilla funcionaba como único templo de una comunidad incipiente.
En síntesis, la Capilla Santa Cecilia es un Bien de Interés Cultural y espiritual de enorme valor para Mar del Plata: la primera piedra religiosa de la ciudad, una obra íntima que honra la memoria de su fundadora, el punto cero del trazado urbano y un espacio donde todavía es posible vivenciar la fe en un ambiente de silencio e historia. Sus puertas limitadas y la falta de información clara sobre horarios son debilidades que esperan resolución para que tanto marplatenses como turistas puedan acercarse a conocer un patrimonio que les pertenece a todos.