Parroquia San Juan Bautista de la Merced
AtrásEn pleno microcentro salteño, sobre la calle Caseros al 857, se levanta la Parroquia San Juan Bautista de la Merced, conocida simplemente como La Merced. Se trata de uno de los templos católicos más singulares de la capital norteña, tanto por su valor histórico como por su particular estilo arquitectónico. Quien visite esta iglesia descubrirá un edificio que combina espiritualidad, arte y memoria patria en un mismo recinto.
El origen de esta parroquia se remonta a 1602, cuando el padre comendador de los mercedarios, fray Antonio de Escobar, recorría la ciudad solicitando limosnas para fundar la orden. Tras la Independencia Argentina, los mercedarios se marcharon y el antiguo templo quedó casi en ruinas. Recién a comienzos del siglo XX, los hijos de Salta pidieron al Obispo, Monseñor Matías Linares y Sanzetenea, la construcción de un nuevo templo dedicado a la Virgen de las Mercedes. Así se adquirió un lote en la actual calle Caseros, donde el 3 de enero de 1910 se firmó el contrato de obra con el ingeniero alemán Santiago Ziegelmeyer, con un presupuesto inicial de 180.000 pesos que finalmente ascendería a 194.133. La piedra fundamental se colocó el 8 de septiembre de 1910 y la bendición del santuario estuvo a cargo de Monseñor Bernabé Piedrabuena, Obispo de Catamarca, el 9 de septiembre de 1914.
El edificio responde a un estilo neogótico de formas simples y ornamentos sobrios. Sus esbeltas torres, los arcos ojivales y los vitrales de colores embellecen una fachada que, por estar retirada de la línea municipal y rodeada de construcciones más bajas, no se aprecia en toda su magnitud desde la calle. La planta es de cruz latina con tres naves, y el altar mayor está tallado en madera con detalles dorados a la hoja. En la puerta de acceso se pueden ver vitrales con los nombres de los apóstoles, una de las postales más fotografiadas del templo.
El patrimonio artístico-religioso que guarda esta iglesia es remarkable. Entre las imágenes más veneradas se encuentran la Virgen de la Merced, proclamada por el General Manuel Belgrano como Generala del Ejército, la Virgen de Lourdes, el Cristo Yacente expuesto en una urna de cristal, la Virgen de los Dolores, la Virgen de Guadalupe y la Virgen de la Dulce Espera, muy concurrida por las familias salteñas. La fiesta principal se celebra el 24 de septiembre en honor a la Virgen de la Merced.
Pero el tesoro histórico más importante lo constituye la Cruz de la Batalla de Salta, resguardada en uno de los altares laterales. Se trata de la cruz que el General Belgrano hizo colocar en la fosa común donde fueron sepultados más de 500 soldados de ambos ejércitos tras la batalla del 20 de febrero de 1813. La inscripción que lleva, “A los vencedores y vencidos”, refleja el gesto noble del prócer, devoto de la Virgen de la Merced. Hoy la reliquia está protegida por una estructura de metal y vidrio, y constituye un punto obligado para quienes quieren honrar la historia argentina.
Uno de los mayores atractivos para el visitante es la visita guiada que ofrece el templo. Varios asistentes han destacado la calidez del guía Hugo, quien relata con detalle la historia y los secretos arquitectónicos del lugar. Se recomienda especialmente consultar los horarios de estas recorridas para apreciar elementos que de otro modo pasarían desapercibidos. La entrada al templo es gratuita, lo que facilita el acceso a creyentes, turistas y curiosos.
En cuanto a la vida pastoral, esta parroquia celebra misas diarias, bautismos, casamientos, comuniones, confirmaciones y catequesis. Muchos fieles la han elegido para los momentos más importantes de su vida familiar, y los sacerdotes que la atienden suelen ser destacados por su cercanía y calidad humana. Quienes necesiten certificados de matrimonio o partidas de bautismo pueden acercarse a la secretaría parroquial, ubicada en uno de los locales laterales del complejo.
El templo también funciona como escenario cultural. A lo largo del año se han realizado conciertos de música clásica, presentaciones corales como la interpretación de la Misa Criolla, y ciclos como “Música por el camino de la fe”. Las noches de la Misericordia, celebradas el último viernes de cada mes, convocan a una concurrencia particular con velas de intención. Quienes disfruten de la buena música y la liturgia solemne encontrarán en este templo un espacio propicio.
Como aspectos a tener en cuenta antes de visitar la iglesia, varios asistentes han señalado el deterioro estructural que presenta el edificio, con grietas y humedades visibles en los techos. Quienes la han recorrido en los últimos años notan que la fachada necesita una restauración integral, tarea que aún no se ha concretado. La acústica, otrora destacada, se vio afectada por la remoción de cortinados y banners que amortiguaban los rebotes del sonido, lo que resta calidad a los conciertos y celebraciones.
Otro punto que genera quejas entre los asistentes es la falta de acceso para personas con discapacidad: la escalinata de ingreso es de metal resbaladizo y no dispone de rampa alternativa, situación que dificulta la entrada a quienes se movilizan en silla de ruedas. También se han reportado problemas de mantenimiento en los baños públicos y, en ocasiones, la pila de agua bendita suele estar vacía. Quienes lleguen fuera del horario de misas o durante la tradicional siesta salteña pueden encontrar el templo cerrado, por lo que conviene informarse previamente sobre los horarios de apertura.
Para los automovilistas, cabe mencionar que el estacionamiento en la zona es limitado y las playas cercanas suelen llenarse rápido. Sin embargo, la ubicación céntrica de la parroquia —a unas tres cuadras de la plaza principal 9 de Julio— facilita el acceso a pie desde cualquier punto del casco histórico. Quienes combinan la visita con un recorrido por otras iglesias y capillas de Salta encontrarán en La Merced una pieza ineludible del patrimonio arquitectónico y religioso local.
En definitiva, la Parroquia San Juan Bautista de la Merced representa una parada obligada tanto para los fieles católicos como para los amantes de la arquitectura, la historia y el arte sacro. Su estética neogótica, sus vitrales multicolores, su altar de madera dorada y la emoción que transmite la Cruz de Belgrano la convierten en un sitio donde el pasado y la fe se entrelazan. Quienes decidan visitarla deberían contemplar la posibilidad de sumarse a una visita guiada, respetar los horarios de apertura y, si asisten a misa, aprovechar la atmósfera de recogimiento que ofrece este rincón del centro salteño. Sin lugar a dudas, una iglesia que honra a su patrona y a quienes forjaron la identidad de la región.