Isla Santa Teresita
AtrásEn el corazón mismo del Lago Lácar, rodeado por las aguas cristalinas y la vegetación patagónica que tiñe de verde intenso cada rincón, se levanta una pequeña pero significativa construcción que ha trascendido generaciones: la capilla de madera de la Isla Santa Teresita. Este sitio, ubicado en la zona del Paso Hua Hum, en las cercanías de San Martín de los Andes, constituye una parada obligatoria dentro de las excursiones lacustres que recorren la región y ofrece a los visitantes una experiencia que combina historia, espiritualidad y naturaleza en un solo escenario.
El principal atractivo de la isla es, sin lugar a dudas, su rústica ermita erigida en honor a la Virgen de Santa Teresita. Construida a principios de la década de 1930 por los pioneros y colonos que poblaban la zona, la capilla se levanta justo enfrente del viejo muelle de la Estancia Quechuquina, testigo mudo del enorme esfuerzo que significó el asentamiento humano en aquellos parajes australes. Su arquitectura sencilla, íntegramente realizada en madera y respetando el estilo patagónico tradicional, transmite una calidez particular y una sensación de recogimiento difícil de igualar.
Una historia rodeada de leyendas
Uno de los aspectos más cautivantes de la Isla Santa Teresita es la leyenda que rodea los matrimonios celebrados en su templo. Según cuentan los relatos locales, el novio llegaba a la isla en una embarcación acompañado por toda su familia, mientras que la novia se acercaba en otra nave separada, completamente sola y vestida de novia. Esta imagen tan simbólica representaba que era ella quien, con su empuje y determinación, llevaba adelante el rumbo de su nueva vida. Esta tradición se ha convertido en un elemento identitario del lugar, generando curiosidad y emoción entre quienes se acercan a conocerla.
Otro ritual muy querido por los visitantes es el de la campana de los deseos. Quienes llegan hasta la capilla tienen la costumbre de hacerla sonar tres veces y pedir un anhelo, un gesto sencillo pero cargado de simbolismo que grandes y chicos disfrutan por igual. La campana se ha transformado así en un verdadero ícono del recorrido y en una de las postales más recordadas del paseo.
El recorrido y la naturaleza que lo rodea
El sendero que conduce desde el muelle hasta la capilla es breve y de dificultad baja, ideal para visitantes de todas las edades. Se trata de una caminata de aproximadamente quince a treinta minutos ida y vuelta, con una subida leve que no representa mayores complicaciones. A lo largo del trayecto, la abundante cartelería informativa permite conocer detalles sobre la flora y la fauna del lugar, así como la historia de los primeros colonos.
El bosquecito que se atraviesa antes de llegar a la ermita esconde una curiosidad natural que fascina a quienes la descubren: dos arrayanes adultos cuyos troncos se encuentran literalmente entrelazados, formando una figura singular que muchos visitantes fotografían como recuerdo. Esta peculiaridad está considerada como un símbolo de prosperidad y unión, y se ha convertido en una de las paradas clásicas dentro del recorrido por la isla.
El muelle de la isla se encuentra en buen estado de conservación, lo que facilita el descenso de los pasajeros que arriban en las embarcaciones turísticas. Quienes opten por quedarse en el puerto, además, pueden disfrutar de un refrescante chapuzón en las aguas del Lago Lácar, cuyas tonalidades verdes y azules sorprenden a propios y extraños.
Cómo llegar y qué tener en cuenta
Es fundamental saber que la única forma de acceder a la Isla Santa Teresita es mediante embarcación, ya sea contratando alguna de las excursiones lacustres que parten desde San Martín de los Andes, como la tradicional navegación al Paso Hua Hum, o bien a través de catamaranes y lanchas que incluyen la parada en la isla dentro de su itinerario. No existe acceso terrestre, lo que convierte al recorrido náutico en una experiencia imprescindible para quien quiera conocer este rincón.
Dentro de la capilla, los visitantes encontrarán un ambiente pequeño, de dimensiones reducidas, con capacidad limitada para unas diez personas aproximadamente. Es importante considerar que la parroquia suele permanecer cerrada con llave la mayor parte del tiempo, abriéndose solo en ocasiones especiales o durante misas puntuales. Aun así, el exterior y el contexto del lugar compensan con creces la visita, ofreciendo una atmósfera única donde el silencio y la naturaleza se conjugan de manera excepcional.
Lo bueno y lo malo de la experiencia
Entre los aspectos más valorados por quienes han recorrido la isla se destacan la tranquilidad del entorno, la belleza paisajística del Lago Lácar y la carga histórica que envuelve a la capilla. La experiencia de caminar entre los arrayanes, descubrir la campana de los deseos y contemplar el verde intenso del agua genera una sensación de paz difícil de encontrar en otros destinos turísticos. Para los amantes de la historia y la cultura patagónica, este sitio constituye una verdadera joyita.
Sin embargo, también existen puntos que algunos visitantes señalan como negativos. La capilla es extremadamente pequeña, lo que puede generar cierta decepción en quienes esperan una construcción de mayores dimensiones. Las vistas desde el punto donde se ubica la ermita, si bien son agradables, no resultan tan impactantes como las que se pueden apreciar desde otros miradores de la zona. Además, quienes contratan la excursión lacustre dependen en gran medida de la calidad del guía turístico que acompañe el recorrido, ya que la información brindada y el trato recibido varían notablemente de un prestador a otro.
Otro aspecto a considerar es el tiempo disponible en la isla, que suele ser breve dentro del itinerario de las excursiones. Quienes deseen tomarse las cosas con calma, fotografiar cada rincón y disfrutar plenamente del silencio del lugar, deberían planificar su visita procurando optar por opciones que otorguen mayor margen de permanencia.
Un rincón para el recuerdo
La Isla Santa Teresita es mucho más que una simple parada dentro de un paseo turístico: es un viaje al pasado de los primeros habitantes de la región, una ventana a las tradiciones que dieron forma a la identidad patagónica y un escenario natural privilegiado. Su capilla, sus arrayanes entrelazados, su campana cargada de promesas y sus leyendas transmitidas de generación en generación la convierten en un destino que merece ser vivido con atención y sensibilidad. Quienes lleguen hasta allí, caminando sin apuro y dejando que el entorno los envuelva, se llevarán consigo una de las postales más auténticas y emotivas que San Martín de los Andes puede ofrecer.