Iglesia Dormición de la Madre de Dios, Greco-católica Ucraniana de Rito Bizantino
AtrásLa Iglesia Dormición de la Madre de Dios de Olegario Víctor Andrade constituye uno de los templos más singulares de la provincia de Misiones, no solo por su espiritualidad, sino por el patrimonio cultural que resguarda entre sus muros. Ubicada en la Parroquia de la Picada Galitziana, esta construcción dedicada al rito bizantino greco-católico ucraniano es un punto de referencia obligado para quienes buscan conocer la huella de la inmigración eslava en la Mesopotamia argentina. Su orientación litúrgica oriental, sumada a la devoción hacia la Virgen María en su misterio de la Dormición, la diferencia de las clásicas iglesias de rito latino que predominan en el territorio nacional.
El contexto histórico de este templo se remonta a las corrientes migratorias que, a finales del siglo XIX y principios del XX, transformaron el norte de Misiones. Las llamadas “picadas” eran asentamientos fundados por colonias de inmigrantes europeos; en particular, la Picada Galitziana debe su nombre a los colonos provenientes de la región de Galitzia, la actual Ucrania occidental. Estos campesinos, en su mayoría ucranianos greco-católicos, trajeron consigo no solo sus herramientas de trabajo, sino también su fe, sus costumbres y una tradición arquitectónica religiosa muy específica. Así nació la necesidad de levantar capillas y parroquias que replicaran, en la medida de lo posible, los templos de su tierra natal, adaptados al clima subtropical de la selva misionera.
La Iglesia forma parte de la Eparquía de la Sagrada Protección de la Madre de Dios (Pokrov), la jurisdicción que agrupa a los fieles de la Iglesia greco-católica ucraniana en Argentina, Chile y Paraguay. La dependencia administrativa de esta eparquía garantiza el seguimiento litúrgico canónico y el sostenimiento pastoral de la comunidad. A diferencia de las iglesias católicas de rito romano, el templo se rige por el calendario juliano en algunas celebraciones, y la liturgia se celebra en idioma ucraniano con lecturas en español para integrar a las nuevas generaciones y a los fieles criollos que se han sumado a la comunidad con el paso de las décadas.
Uno de los rasgos arquitectónicos más llamativos de esta parroquia es la presencia de un iconostasio tradicional, ese muro de iconos que separa el santuario de la nave central y que resulta característico de las iglesias de rito bizantino. Este separador no es meramente decorativo: cumple una función teológica profunda, al simbolizar el velo entre lo divino y lo humano, y al mismo tiempo permite visualizar, mediante puertas centrales y laterales, distintos momentos de la liturgia. Los iconos que componen este iconostasio suelen representar escenas de la vida de Cristo, de la Virgen María y de los santos más venerados por la tradición oriental, incluyendo la propia Dormición de la Teótokos (Madre de Dios), que da nombre al templo.
El rito bizantino se distingue por una serie de elementos sensoriales que convierten la visita a este templo en una experiencia distinta. El uso del incienso, los cantos litúrgicos en tono monódico bizantino, la comunión bajo las dos especies (pan y vino) administrada con una cuchara dorada llamada cof, y los gestos de veneración hacia los iconos —con besos, inclinaciones y velas— son prácticas habituales aquí. Quien concurra a una Divina Liturgia podrá percibir que el celebrante, aunque está en comunión plena con el Papa de Roma, sigue una tradición litúrgica milenaria que comparte con las iglesias ortodoxas, diferenciándose en cuestiones como la doctrina del Filioque y la aceptación de la primacía papal.
La festividad principal de esta Iglesia es la Dormición de la Madre de Dios, celebrada el 15 de agosto según el calendario gregoriano o el 28 de agosto si se sigue el calendario juliano. Esta solemnidad, una de las doce grandes fiestas del año litúrgico bizantino, conmemora el tránsito de la Virgen hacia la vida eterna y su posterior resurrección y elevación al cielo. En las comunidades ucranianas de Misiones, esta fecha suele coincidir con celebraciones que mezclan lo religioso con lo cultural: comidas típicas como el varenyky, el holubtsi y los tradicionales panes rituales korovai acompañan los oficios, configurando una jornada de profundo sentido identitario para la colectividad.
En cuanto a la accesibilidad, la parroquia cuenta con entrada adaptada para personas en silla de ruedas, un detalle que la diferencia positivamente de otros templos históricos del país que suelen presentar barreras arquitectónicas propias de su antigüedad. Esta condición la hace un espacio inclusivo, en sintonía con el llamado del Concilio Vaticano II a la participación plena de todos los fieles en la vida litúrgica. Para quienes tengan movilidad reducida, este es un punto a considerar al momento de elegir un lugar de culto en la región.
Ahora bien, la ubicación de la iglesia presenta tanto ventajas como desafíos. Por un lado, el entorno rural y selvático de la Picada Galitziana, en el municipio de Olegario Víctor Andrade, departamento Leandro N. Alem, ofrece un ambiente de recogimiento y silencio difícil de encontrar en los centros urbanos. Para los fieles y turistas que busquen una experiencia espiritual lejos del bullicio, este aislamiento resulta ideal. Sin embargo, el acceso puede ser complicado para quienes no conozcan la zona: las picadas suelen ser caminos de ripio o tierra que pueden volverse intransitables en días de lluvia intensa, y la señalización para llegar no siempre es la más clara para el visitante casual.
Otro aspecto a tener en cuenta es la disponibilidad de información en línea. Aunque la parroquia mantiene un vínculo digital con la Eparquía de Pokrov, los horarios de misa y los eventos especiales no siempre están actualizados en plataformas masivas como Google Maps u otras redes sociales. Quien desee asistir a un oficio litúrgico debería contactarse previamente con la eparquía o con referentes de la colectividad ucraniana local para confirmar fechas, especialmente si se trata de fiestas de guardar o de celebraciones especiales que siguen el calendario oriental.
El estado general del templo, según lo que muestran las fotografías compartidas por visitantes y miembros de la comunidad, es de un cuidado notable. Los aportes fotográficos de personas como Guillermo David Román e Iván Dvoiak permiten apreciar tanto el exterior como los detalles interiores del templo, evidenciando un trabajo de mantenimiento sostenido por la comunidad. No se observan signos de abandono ni de deterioro importante, lo que habla del compromiso de los fieles con la preservación de su patrimonio espiritual. La valoración que los visitantes han expresado hacia el lugar, al describirlo como “hermoso”, refleja esa sensación de recogimiento y belleza que suele asociarse a los pequeños templos rurales con fuerte carga simbólica.
Para los amantes del turismo religioso y cultural, visitar esta iglesia puede ser la excusa perfecta para recorrer la zona de Oberá y Leandro N. Alem, donde las comunidades de inmigrantes —ucranianos, alemanes, brasileños, polacos, entre otros— dejaron una huella indeleble. La fiesta nacional del inmigrante, que se celebra anualmente en Oberá durante la primera quincena de septiembre, suele incluir a esta colectividad con stands de comida típica y números artísticos, y la parroquia funciona como punto neurálgico para los contactos con la comunidad. Combinar la visita al templo con estas festividades puede transformar una simple recorrida en una experiencia cultural completa.
Si sos una persona interesada en el arte sacro, en las tradiciones orientales o en la historia de la inmigración europea en América del Sur, esta iglesia merece un lugar destacado en tu itinerario. Acercate a la colectividad ucraniana de la Picada Galitziana, consultá los horarios con anticipación y disponte a vivir una liturgia que, aunque distinta en su forma a la que puedas estar acostumbrado, comparte la misma esencia de fe y de encuentro con lo trascendente. La Iglesia Dormición de la Madre de Dios te espera con las puertas abiertas, como lo ha hecho durante generaciones con los ucranianos que cruzaron un océano para preservar su identidad y su fe en esta tierra colorada.