Iglesia de Nono
AtrásLa Iglesia San Juan Bautista de Nono, conocida popularmente como la Iglesia de Nono, ocupa un lugar privilegiado dentro del Valle de Traslasierra, en la provincia de Córdoba, Argentina. Su construcción comenzó en 1908 de la mano del Cura Brochero — figura emblemática del clero argentino y futuro santo— y finalizó en 1915, lo que la convierte en una de las parroquias más antiguas de la región. Quienes buscan iglesias con historia y carácter en el interior del país suelen detenerse en este templo religioso que, más de un siglo después de su inauguración, sigue siendo un punto de referencia visual, cultural y espiritual para los habitantes de Nono y para los turistas que recorren el corredor serrano.
El estilo arquitectónico responde a una línea romano-bizantina, cuidadosamente planificada en cada uno de sus detalles. La parroquia cuenta con tres naves principales que se distribuyen de forma simétrica, con puertas dispuestas en espejo, un recurso poco frecuente en las iglesias rurales de Córdoba. Tres vitrales filtran la luz natural sobre el interior, y las ventanas en arco aportan una verticalidad que estiliza la fachada y la nave central. El conjunto genera una atmósfera de recogimiento y, al mismo tiempo, de solemnidad, algo que quienes han visitado el lugar destacan como uno de sus principales atractivos.
Uno de los aspectos más valorados por quienes se acercan es su ubicación estratégica. El templo se levanta frente a la plaza central de Nono, en la calle Hipólito Yrigoyen, conformando un paisaje urbano armónico junto al espacio verde, los puestos de artesanos y los comercios típicos del pueblo. Esta cercanía con la plaza convierte a la iglesia en parte inseparable del circuito turístico del Valle de Traslasierra: basta con cruzar la calle para combinar la visita al edificio religioso con un recorrido por la feria de artesanías, una parada gastronómica o un paseo por las calles arboladas. Además, la cercanía con la Ruta 14, que conecta Córdoba con la provincia de San Luis, facilita el acceso tanto para fieles locales como para viajeros que llegan desde otras regiones del país.
El estado de conservación del edificio es, en líneas generales, muy bueno. Los visitantes resaltan el cuidado de las fachadas, la pintura, la limpieza del entorno y la calidad de la iluminación nocturna, que realza los volúmenes del templo y crea una postal atractiva durante las primeras horas de la noche. De día, la piedra y los detalles ornamentales se aprecian con mayor nitidez, mientras que la plaza enfrente aporta sombra, bancos y movimiento. Esta combinación convierte a la parroquia en un punto fotográfico obligado para quienes recorren Traslasierra y buscan capturar la esencia del pueblo.
En el interior, la iglesia mantiene una estética más convencional que el exterior, aunque cuidada y prolija. Los bancos de madera, el altar y los elementos religiosos se disponen de manera ordenada, sin estridencias, lo que favorece el clima de oración y silencio. Quienes participan de las celebraciones litúrgicas —fieles, devotos de San Juan Bautista y feligreses de zonas cercanas— destacan la calidez de la comunidad y la disposición de los responsables del templo para recibir a los visitantes. La parroquia funciona como punto de encuentro espiritual para el pueblo y como referencia pastoral para localidades vecinas del Valle de Traslasierra.
En cuanto a los horarios de visita, es importante tener en cuenta que la apertura al público es limitada. La iglesia recibe a los visitantes principalmente los días domingo por la noche y los lunes durante el día, permaneciendo cerrada el resto de la semana. Esto significa que los turistas que llegan a Nono entre martes y sábado deben planificar su recorrida con anticipación, ya que no siempre es posible acceder al interior. Algunos visitantes han expresado su frustración por no haber podido ingresar en el momento deseado, especialmente quienes recorren la zona sin un cronograma estricto. Por eso, antes de viajar, conviene confirmar los horarios vigentes en el lugar o mediante la parroquia.
Otro punto a considerar es el nivel de mantenimiento interior, un aspecto que divide opiniones. Mientras muchos visitantes elogian la limpieza y el orden, otros han señalado que, en ciertos momentos, el templo transmite una sensación de descuido o falta de actualización en algunos detalles, como el estado de pinturas internas, ornamentos o señalización. Esta percepción es subjetiva y depende tanto del momento de la visita como de las expectativas de cada persona, pero es una variable a tener presente. Aun así, la valoración general del conjunto edilicio y de su valor patrimonial es alta, y la mayoría coincide en que se trata de una iglesia que vale la pena conocer.
Como toda parroquia con más de cien años de historia, la de Nono forma parte del patrimonio histórico de Córdoba. Su vínculo con el Cura Brochero le otorga un plus simbólico: recorrer sus naves es, en cierto modo, recorrer un tramo de la historia del catolicismo social argentino. El sacerdote Brochero impulsó esta obra como parte de su misión evangelizadora en Traslasierra, y la impronta de aquel proyecto sigue presente en la robustez de los muros y en la distribución del espacio litúrgico. Para los interesados en la arquitectura religiosa y en la historia eclesiástica del país, la iglesia constituye una parada casi obligatoria.
Desde el punto de vista práctico, la parroquia cuenta con acceso adaptado para personas con movilidad reducida, lo que facilita la visita de feligreses y turistas con necesidades específicas. El entorno inmediato —plaza central, árboles, veredas amplias y estacionamiento relativamente sencillo— también contribuye a que la experiencia sea cómoda para familias, adultos mayores y grupos de visitantes. Quienes combinan la visita a la iglesia con otras atracciones del Valle de Traslasierra, como el río, los cerros y los pueblos cercanos, encuentran en este templo un complemento ideal para una jornada completa.
la Iglesia de Nono es una parroquia con fuerte identidad, ligada a la historia del Cura Brochero, con una arquitectura religioso singular dentro de las iglesias serranas de Córdoba y una ubicación inmejorable frente a la plaza principal. Sus puntos fuertes son la fachada, la iluminación nocturna, la cercanía con la feria de artesanos y el acceso adaptado; sus puntos a tener en cuenta son los horarios acotados de apertura al público y la necesidad de reforzar algunos aspectos del mantenimiento interior. Para quienes planean una visita, lo más recomendable es coordinar el horario, recorrer la plaza antes o después del paso por el templo y tomarse un tiempo para apreciar los vitrales y la disposición simétrica de las naves. Así, la visita se convierte en una experiencia completa que combina espiritualidad, patrimonio y paisaje serrano.