Paso Lucero Virgen de Itatí
AtrásA pocos kilómetros del casco urbano de Concepción, en la provincia de Corrientes, se levanta la capilla conocida como Paso Lucero Virgen de Itatí, un sitio cargado de espiritualidad y memoria que convoca cada año a decenas de fieles y curiosos. Este pequeño templo rural, rodeado por el paisaje singular del estero Batel, conserva la estructura original que levantaron los jesuitas durante la época colonial, lo que le otorga un valor patrimonial difícil de igualar en la región. Para quienes buscan un encuentro con la fe lejos del ritmo acelerado de las grandes ciudades, esta parroquia —en su sentido más amplio de comunidad de creyentes— representa una parada obligatoria dentro del circuito religioso del norte correntino.
El edificio se erige como una capilla sencilla pero con una identidad arquitectónica que remite directamente al legado jesuítico. Sus líneas sobrias, el espesor de sus paredes y la orientación del altar revelan las técnicas constructivas que los misioneros de la Compañía de Jesús introdujeron en estas tierras siglos atrás. Quienes han recorrido el interior destacan la sensación de recogimiento que ofrece: la nave única, la penumbra amable y el silencio interrumpido solo por el canto de los pájaros del estero cercano. No se trata de una construcción monumental, y precisamente allí radica parte de su encanto, ya que la austeridad del espacio invita a la oración íntima y a la contemplación.
La devoción central gira en torno a la Virgen de Itatí, una de las advocaciones marianas más queridas del Litoral argentino. Aunque el gran santuario nacional se encuentra en la localidad de Itatí, esta capilla de Paso Lucero funciona como un punto de veneración alternativo, especialmente significativo para los habitantes de Concepción y de los parajes rurales cercanos. La imagen es atendida con esmero por los vecinos, quienes mantienen vivo el culto mediante rezos periódicos y la celebración de la fiesta patronal, una fecha que transforma al paraje en un punto de encuentro comunitario.
Durante la fiesta patronal, la parroquia —o más precisamente la comunidad que se congrega alrededor de la capilla— organiza misas campestres, procesiones y actividades para toda la familia. Los visitantes resaltan la calidez del recibimiento y la buena organización de los eventos, algo que se percibe en los comentarios de quienes tuvieron la oportunidad de participar. Es común que durante esos días se compartan comidas típicas, se escuchen chacareras y se arme una suerte de gran sobremesa popular que se extiende hasta la madrugada. Para los correntinos, esta cita anual tiene un valor afectivo enorme: muchos la describen como un regreso a las raíces, un momento para reencontrarse con parientes y vecinos que la distancia ha separado.
Uno de los grandes atractivos del lugar es, sin dudas, su entorno natural. El estero Batel —una formación de bañados y lagunas típica de los arenales correntinos— enmarca la capilla con una postal que combina cielo, agua y vegetación chaqueña. Los atardeceres sobre el espejo de agua adquieren tonalidades rojizas que contrastan con el blanco de las paredes del templo, generando una atmósfera propicia tanto para la fotografía como para la meditación. Quienes gustan del turismo contemplativo encontrarán aquí un sitio ideal para caminar, observar aves y desconectar de la rutina urbana. El espacio abierto que rodea al edificio permite estacionar con comodidad y armar picnic sin mayores inconvenientes.
Como toda construcción de más de dos siglos, la capilla de Paso Lucero presenta algunos aspectos que el visitante debe tener en cuenta antes de acercarse. Al estar ubicada en una zona rural, el camino de acceso puede presentar complicaciones en días de lluvia, ya que los arenales correntinos se vuelven barrosos y el tránsito se dificulta. Tampoco se trata de un espacio con infraestructura turística desarrollada: no hay sanitarios públicos en condiciones óptimas, la oferta gastronómica es limitada y los servicios de alojamiento cercanos son escasos. Quienes planeen pernoctar deberán organizarse previamente o bien regresar a Concepción o a localidades vecinas con mayor oferta hotelera.
Otro punto a considerar es que la parroquia no cuenta con un sacerdote residente de manera permanente, por lo que las misas regulares y la atención pastoral suelen concentrarse en fechas específicas o requerir la visita eventual de un sacerdote de la diócesis. Esto implica que, fuera de la fiesta patronal o de eventos especiales, es posible que el visitante encuentre la capilla cerrada o sin actividad litúrgica en el momento de su llegada. Para evitar sorpresas, lo más recomendable es contactarse previamente con los referentes comunitarios de la zona, quienes suelen coordinar las aperturas y las celebraciones.
La comunidad de fieles y vecinos que sostiene este templo merece un reconocimiento especial. Gracias al esfuerzo de los lugareños, la capilla se mantiene en pie, se realizan tareas periódicas de limpieza y conservación, y se sostiene una agenda devocional que año tras año suma nuevos participantes. Esta impronta comunitaria convierte al lugar en algo más que un monumento histórico: es un espacio vivo, donde la fe se transmite de generación en generación y donde los visitantes son recibidos con la hospitalidad propia del correntino.
En definitiva, la capilla de Paso Lucero Virgen de Itatí es una propuesta diferente para quienes ya recorrieron los santuarios más conocidos del país y buscan experiencias auténticas en contacto con la naturaleza y la espiritualidad popular. Su valor arquitectónico jesuita, la fuerza de la devoción a la Virgen de Itatí, el entorno del estero Batel y la calidez de su gente configuran una visita que, aunque modesta en infraestructura, resulta profundamente significativa. Quienes se acerquen con respeto, paciencia y espíritu abierto vivirán una jornada distinta, marcada por el silencio, la fe y la belleza agreste de los arenales correntinos.