Capilla Ecumenica

Atrás
La Cumbrecita, Córdoba, Argentina
Capilla Iglesia
9.4 (665 reseñas)

Entre los pinares que coronan las sierras de La Cumbrecita, en el corazón del valle de Calamuchita, se levanta una pequeña capilla ecuménica que resume en su arquitectura la identidad de todo un pueblo. Se trata de una construcción de estilo alpino, diseñada en 1967 por Helmut Cabjolsky, uno de los pioneros fundadores de esta localidad cordobesa, y pensada desde el inicio como un espacio abierto a todos los credos, sin distinción de denominaciones. Con su techo a dos aguas, las tejas encastradas de madera y un arco de medio punto en la entrada, esta iglesia diminuta se integra al paisaje boscoso con una naturalidad que sorprende a todo visitante que llega por primera vez.

El carácter ecuménico es quizás el rasgo más distintivo de esta capilla dentro del circuito de iglesias, capillas y parroquias que pueden encontrarse en la región. Fue concebida para que cualquier persona, independientemente de su religión, pudiera acercarse a orar, meditar o simplemente disfrutar de un momento de recogimiento. Con el paso de los años, y dado que la mayoría de los habitantes profesan la fe católica, se incorporaron una cruz y la imagen de la Virgen en su interior, aunque sin perder la esencia inclusiva que motivó su construcción original. En el altar principal se encuentra la Figura de María y el Niño, una talla especialmente realizada para este templo en la reconocida Escuela de Ebanistería de Oberammergau, en Baviera, Alemania, lo que añade un atractivo adicional para los amantes del arte sacro y la carpintería tradicional.

Acceder a esta capilla es parte de la experiencia. Existen dos senderos principales para llegar: uno más corto y directo, formado por una escalera de piedra empinada que sube entre los árboles, y otro más largo pero menos exigente, que bordea por una calle pública del pueblo. Ambos caminos atraviesan un bosque de coníferas que cambia radicalmente con las estaciones: en primavera las flores silvestres decoran el suelo, en verano la sombra de los pinos refresca el recorrido, en otoño los colores se tornan cálidos, y en invierno el paisaje se transforma en una pequeña postal de cuento, con escarcha y niebla envolviendo el campanario. La caminata es de dificultad leve a moderada, apta para personas con un estado físico razonable, aunque puede resultar complicada para quienes tienen movilidad reducida o para familias con cochecitos, ya que las escaleras de piedra son irregulares y en algunos tramos presentan cierta pendiente.

En el interior, la iglesia mantiene la línea de sencillez que la caracteriza: un par de bancos de madera, un altar pequeño y la mencionada imagen de la Virgen con el Niño configuran un espacio íntimo y austero. En temporada alta y durante los fines de semana largos, un cuidador se encarga de abrir las puertas y recibir a los visitantes, oportunidad en la que se puede solicitar una colaboración voluntaria a modo de donación para contribuir al mantenimiento del edificio. Esta entrada a voluntad es una forma accesible de conocer la capilla sin que represente un costo fijo para el visitante, aunque quienes deseen aportar más pueden hacerlo libremente. Cabe mencionar que, fuera de los períodos de mayor afluencia turística, no es extraño encontrar la capilla cerrada, por lo que conviene informarse previamente sobre los horarios de apertura si se desea recorrer el interior.

El entorno inmediato es, por sí mismo, motivo suficiente para la visita. Detrás de la capilla ecuménica parte un pequeño sendero que se interna en el bosque, donde el sonido de un arroyo entre la hiedra y los árboles caídos crea una atmósfera verdaderamente contemplativa. En la parte trasera también se localiza un baño público, un detalle práctico que muchos turistas agradecen durante la recorrida. En las afueras, algunos bancos de madera invitan a detenerse a descansar, tomar mate o simplemente contemplar el paisaje de las sierras, especialmente durante las tardes cuando la luz se filtra entre las ramas y genera ese juego de luces y sombras que tanto fotografían los visitantes.

Ahora bien, no todo es perfecto. Quienes han visitado recientemente la capilla señalan que, con el paso del tiempo, el templo muestra ciertos signos de descuido: maderas que requieren mantenimiento, presencia de objetos personales del cuidador a la vista que alteran la sensación de recogimiento, y una falta de espacio apropiado para quien se encarga de custodiarla. Algunos visitantes también mencionan que, pese a la belleza exterior, el interior resulta algo austero y puede dejar una sensación de insatisfacción a quienes esperan encontrar una ornamentación más elaborada. Otro punto a considerar es que las escaleras de acceso pueden resultar agotadoras en días calurosos, y la pendiente pronunciada hace que el tramo final requiera algo de esfuerzo, especialmente para personas mayores o niños pequeños.

Estas cuestiones, sin embargo, no opacan el valor histórico y simbólico del lugar. La capilla ecuménica representa el espíritu de tolerancia y convivencia que dio origen a La Cumbrecita, un pueblo peatonal fundado por descendientes de alemanes que buscaban recrear en las sierras de Córdoba la arquitectura y el ambiente de los Alpes bávaros. La iglesia es considerada hoy un verdadero ícono arquitectónico del pueblo, una parada obligada en cualquier recorrido por la localidad y un punto de referencia visual inconfundible, con su pequeño campanario asomando tímidamente entre los pinos. Para los amantes de la fotografía, ofrece composiciones únicas en cualquier época del año, y para los viajeros espirituales, un espacio propicio para la reflexión en medio de la naturaleza.

Si se planea una visita, conviene considerar algunos consejos prácticos: verificar previamente los horarios de apertura, ya que pueden variar según la temporada; llevar calzado cómodo para la caminata de ascenso; respetar el ambiente de silencio y recogimiento que se vive en el interior; y, en caso de llegar fuera de las horas de apertura, contentarse con admirar la fachada y el entorno, que por sí solos justifican el trayecto. La capilla se encuentra en pleno sendero hacia otros atractivos naturales del pueblo, como la Cascada y La Olla, por lo que es posible combinarla en una misma jornada de paseo.

En definitiva, esta iglesia de montaña es una invitación a conectar con la serenidad del bosque, la historia de los pioneros que dieron vida a La Cumbrecita y la filosofía de apertura que la hizo nacer. Pequeña, sencilla y profundamente simbólica, continúa siendo, después de casi seis décadas, una de las capillas más queridas por quienes recorren las sierras de Córdoba y uno de los tesoros arquitectónicos más representativos del sur provincial.

Otros negocios que podrían interesarte

Ver Todos