Capilla Peverelli
AtrásLa Capilla Peverelli es un pequeño templo rural situado en las afueras de la localidad de Gessler, en el departamento Las Colonias, provincia de Santa Fe, Argentina. Rodeada por la inmensidad de los campos santafesinos, esta capilla atesora una historia tan singular como conmovedora, que se transmite de generación en generación dentro de la familia fundadora y de quienes conocen su legado.
El origen de esta capilla rural se remonta a finales del siglo XIX, cuando Francisco Peverelli, un colono de origen italiano, cayó enfermo de tifus. Según relata la tradición familiar, el inmigrante prometió levantar un lugar de culto si lograba recuperarse de la enfermedad. Cumplida su promesa tras sanar, Francisco se dedicó con denuedo a la construcción del edificio: fabricó personalmente cada uno de los ladrillos y adobes que componen la estructura, una tarea titánica para un hombre solo y sin maquinaria. El resultado es una capilla sencilla, auténtica, hecha con el esfuerzo genuino de un poblador agradecido por la vida y por la tierra que lo acogió.
La advocación mariana del templo surgió de un episodio casi providencial. Una vez finalizada la obra, faltaba definir quién sería el santo patrono del lugar. Cuentan los descendientes que Francisco y su esposa se encontraban tomando mates bajo la sombra de un árbol cuando una ráfaga de viento trajo volando una pequeña estampita de la Virgen de Pompeya, que se detuvo junto a ellos. Para la familia, aquella señal fue determinante: desde ese día, la Virgen de Pompeya quedó consagrada como patrona de la capilla, y su imagen se venera en el altar principal, donde cada año se renueva la devoción de los vecinos.
Arquitectónicamente, la Capilla Peverelli responde al modelo de las capillas rurales que proliferaron en la zona pampeana argentina con el aporte de los inmigrantes europeos. Predominan el ladrillo visto y el adobe, materiales nobles y duraderos que han soportado el paso del tiempo y las inclemencias climáticas de la región. Las proporciones modestas del edificio, su fachada austera, sus ventanas pequeñas y su campanario simple transmiten una sensación de recogimiento y de íntima conexión con el entorno rural. Quienes han fotografiado la capilla destacan la armonía entre su silueta y el paisaje agropecuario que la rodea, con campos abiertos hasta el horizonte y una tranquilidad difícil de encontrar en otros puntos de la provincia.
El patrimonio religioso que representa este templo resulta significativo para la identidad de los Peverelli y para los vecinos de Gessler. La capilla funciona como punto de referencia identitaria de varias familias descendientes de los primeros colonos de la zona. Aunque no oficia misas de manera regular —como ocurre con muchas capillas rurales de la pampa—, en ocasiones se realizan celebraciones religiosas especiales, aniversarios, bautismos comunitarios o festividades en honor a la Virgen de Pompeya, convocando a vecinos de toda la comarca.
Para los potenciales visitantes, es importante considerar algunos aspectos prácticos. La Capilla Peverelli se encuentra en una zona rural apartada, sobre un camino vecinal sin nombre oficial, identificable mediante el código plus 5W4Q+MQ Gessler, Santa Fe. El acceso se realiza por caminos de tierra, por lo que resulta recomendable concurrir con vehículo adecuado, especialmente en días de lluvia. No dispone de servicios turísticos formales ni de horario de atención establecido, ya que es una capilla de campo con administración familiar. Quienes quieran asegurarse de encontrarla abierta pueden coordinar previamente la visita con algún miembro de la familia fundadora o con vecinos de Gessler.
Entre los aspectos positivos que resaltan quienes han visitado el lugar se mencionan la tranquilidad del entorno, el cuidado visible del edificio y la calidez de su historia. Varios visitantes han subrayado el excelente estado de conservación de la capilla, lo que habla del compromiso de la comunidad y de la familia fundadora con su mantenimiento. La atmósfera silenciosa de los campos santafesinos convierte a este rincón en un sitio propicio para la reflexión, la oración o simplemente para apreciar una pieza singular del patrimonio religioso rural argentino.
No obstante, también existen limitaciones que un visitante debe considerar antes de acercarse. Quienes intentaron recorrer el interior de la capilla en fechas recientes se han encontrado con las puertas cerradas, presumiblemente como medida preventiva frente a actos de vandalismo que lamentablemente afectan a numerosos lugares de culto rurales del país. Esta situación ha generado frustración entre quienes esperaban conocer de cerca los detalles del templo, su altar, sus imágenes y sus objetos litúrgicos. La falta de horarios regulares de apertura, de señalización clara en el camino y de un cuidador permanente obliga a planificar la visita con paciencia o a coordinar previamente el acceso.
Otro aspecto a tener presente es que la Capilla Peverelli se ubica en una zona sin infraestructura turística cercana. No hay restaurantes, estaciones de servicio ni alojamientos en las inmediaciones inmediatas, por lo que es necesario proveerse de lo necesario antes de emprender el viaje. Quienes busquen una experiencia cultural completa pueden combinar la visita a la capilla con un recorrido por la localidad de Gessler, conocida por su tradición agrícola, sus casas antiguas y su tranquila vida de pueblo, así como por otras iglesias y parroquias del departamento Las Colonias.
En el plano espiritual, el templo mantiene viva la devoción a la Virgen de Pompeya, una de las advocaciones marianas más queridas por los argentinos, especialmente por aquellos ligados a la cultura italiana. Cada año, en torno a fechas significativas del calendario litúrgico, la comunidad se congrega para renovar su fe y mantener viva la memoria de Francisco Peverelli y de todos aquellos que dejaron su impronta en la pampa gringa. Para los descendientes del fundador, la capilla no es solo un edificio: es el testimonio tangible de una promesa cumplida y de la resiliencia de quienes forjaron el campo santafesino con sus propias manos.
En síntesis, la Capilla Peverelli constituye una parada obligada para quienes recorren las iglesias, capillas y parroquias del centro de Santa Fe y valoran el patrimonio religioso menos conocido. Su valor reside tanto en la historia humana que la sustenta como en la humildad de su arquitectura y en la paz que transmite su entorno. Acercarse a este templo es participar, aunque sea por un momento, de la continuidad de una fe que sobrevive al paso de las décadas y que, pese a sus limitaciones de acceso, sigue siendo un faro espiritual para los campos de Gessler.