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Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria

Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria

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Copacabana, Catamarca, Argentina
Iglesia Iglesia católica
9.4 (215 reseñas)

La Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria se levanta como una de las capillas más representativas del noroeste argentino, ubicada en la pequeña localidad de Copacabana, en el departamento Tinogasta de la provincia de Catamarca. Este templo forma parte del circuito conocido como la Ruta del Adobe, un recorrido turístico y cultural que une las localidades de Tinogasta y Fiambalá a lo largo de unos 50 kilómetros, donde las construcciones de adobe y los monumentos históricos cuentan la historia colonial de la región. Conocida también como la Capellanía Copacabana, sus orígenes se remontan al Siglo XVII, lo que la convierte en una de las iglesias históricas más antiguas y valiosas de Catamarca.

La iglesia está edificada siguiendo las técnicas constructivas tradicionales de la zona: muros de adobe con revoque interno y externo de argamasa, un cielorraso de cañas revestidas en yeso y un techo de zinc que reemplaza la cobertura original. Su fachada, elevada a cuatro escalones del nivel del suelo, presenta un atrio con tres arcadas que le otorga una presencia sobria y elegante. En el interior, el templo sorprende con dos galerías en el primer piso sostenidas por columnas que rematan en arcos ojivales, un detalle arquitectónico poco habitual en las capillas coloniales de la región y que le confiere un carácter distintivo.

Uno de los aspectos más llamativos de esta parroquia es su característico color rosa intenso en las paredes, una elección estética que evoca la tradición de los pueblos originarios, quienes pintaban sus viviendas con ese tono utilizando los recursos disponibles en la época. Este color estridente permite divisar la iglesia desde varias cuadras de distancia, funcionando como un hito visual dentro del paisaje. El contraste entre el rosa colonial de sus muros y el cerro que se alza detrás crea una postal singular, muy valorada por los visitantes que recorren la Ruta del Adobe.

Dentro del templo se pueden apreciar aproximadamente 22 imágenes de vírgenes, una cantidad inusual para una capilla de pueblo, lo que habla del fervor religioso de la comunidad y posiblemente de la influencia boliviana en la zona. Esta acumulación de imágenes sagradas y altares convierte al espacio en un pequeño museo de la devoción popular andina. La iglesia fue remodelada recientemente y la plaza que tiene enfrente también fue renovada, lo que revalorizó tanto al templo como a su entorno urbano.

Para quienes deseen visitarla, es importante tener en cuenta algunos aspectos prácticos. La Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria suele estar abierta al público, pero por cuestiones de seguridad puede permanecer cerrada en ciertos momentos del año. Algunos visitantes han relatado haberse encontrado con las puertas cerradas incluso en horario diurno, lo que resulta una frustración para quienes llegan desde lejos. Ante esta situación, los lugareños recomiendan acercarse a la familia Juárez, que vive en una casa cercana, para solicitar que les permitan el acceso al templo. Por otro lado, la iglesia cuenta con entrada accesible para personas en silla de ruedas, un detalle que facilita la visita de todo tipo de público.

El momento más importante del año para esta parroquia son las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Candelaria, que se celebran cada 2 de febrero. Durante esa jornada, el pueblo entero se viste de fiesta y la iglesia se convierte en el epicentro de una celebración que combina tradición religiosa, música, gastronomía y color. Quienes tengan la posibilidad de asistir a esa fecha podrán vivir una experiencia auténtica de devoción popular catamarqueña. También durante el recorrido por la Ruta del Adobe se pueden visitar otras iglesias y construcciones históricas, como el Oratorio de los Orqueras de 1740, la Iglesia Virgen de Andacollo de 1840, la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de 1712 (la más antigua de la provincia en pie) y la Iglesia de San Pedro de 1770 en Fiambalá, declarada Monumento Histórico Nacional.

Entre las cualidades más destacadas que resaltan quienes la han visitado se encuentran su excelente estado de conservación, los colores bellísimos de sus paredes, su arquitectura cuidada al detalle, la tranquilidad y paz que se respira en su interior, la belleza del entorno natural con el cerro como marco, la pintoresca plaza remodelada que la antecede, y el privilegio de conocer una reliquia arquitectónica en el contexto de la Ruta del Adobe. Muchos coinciden en que se trata de un lugar digno de visitar tanto para católicos como para amantes de la historia y la arquitectura colonial.

En cuanto a los puntos menos positivos, además del tema del horario de apertura, algunos visitantes opinan que el tono rosa elegido para la fachada resultó un poco demasiado fuerte, y otros señalan que durante la última renovación la pintura llegó a manchar las baldosas del piso, un detalle menor que empaña levemente la prolijidad del trabajo. También hay quienes sienten que el templo merece mayor difusión, ya que al estar en una localidad tan pequeña puede pasar desapercibido para quienes no investigan previamente sobre la Ruta del Adobe.

Copacabana es una localidad muy pequeña ubicada al costado de la Ruta 60, cerca de Tinogasta, con una plaza principal encantadora que cuenta con juegos para niños y agua caliente, según comentan algunos viajeros. Este pueblo típicamente catamarqueño conserva una atmósfera acogedora y sencilla, ideal para una parada tranquila en el itinerario. La Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria, con su particular colorido y su carga histórica, constituye sin dudas el atractivo principal del lugar y un motivo más que suficiente para desviarse del camino principal y conocer este rincón auténtico del noroeste argentino.

Antes de planificar la visita, es recomendable verificar los horarios de apertura vigentes, ya que al ser una capilla administrada por la comunidad los mismos pueden variar. Contactar con la familia Juárez o con el municipio de Copacabana puede ahorrarle al visitante la frustración de encontrar la iglesia cerrada. Llevar calzado cómodo, cámara fotográfica y algo de tiempo extra para recorrer los alrededores permitirá aprovechar al máximo la experiencia. Si el viaje se programa para el 2 de febrero, la recompensa será participar de una de las celebraciones religiosas más tradicionales de Catamarca, donde la fe, la cultura y la identidad local se entrelazan en torno a esta emblemática iglesia colonial.

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