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Grupo de familia Naranon

Grupo de familia Naranon

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B1602BPD, Pres. Hipólito Yrigoyen 1737, B1602BPD Florida, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Iglesia Iglesia católica
10 (8 reseñas)

En la calle Presidente Hipólito Yrigoyen al 1737, en la localidad de Florida, partido de Vicente López, funciona un espacio que combina la espiritualidad con la contención comunitaria. Se trata de una iglesia que abre sus puertas para alojar al Grupo de Familia Nar-Anon, una organización dedicada a acompañar a familiares y amigos de personas que atraviesan situaciones de adicción a las drogas. Esta particularidad de combinar un templo religioso con un grupo de autoayuda representa una alternativa poco frecuente en la zona norte del Gran Buenos Aires, y los feligreses que habitualmente participan de otras actividades en el edificio conviven naturalmente con quienes buscan este tipo de acompañamiento.

El edificio está catalogado en los registros digitales como un establecimiento religioso de tipo parroquia o lugar de culto, lo que significa que su arquitectura y disposición están pensadas para recibir a fieles y asistentes en un ambiente de recogimiento. Quienes se acercan al lugar perciben la sobriedad típica de las capillas tradicionales, con bancos alineados, espacios comunes y la posibilidad de utilizar las instalaciones de forma gratuita para actividades que beneficien a la comunidad. La comunidad parroquial cede amablemente sus dependencias para que el grupo pueda desarrollar sus encuentros semanales, lo que refleja el espíritu solidario que caracteriza a este tipo de instituciones.

El Grupo de Familia Nar-Anon que se reúne aquí forma parte de un movimiento internacional presente en más de 130 países. Su objetivo principal es ofrecer un espacio de escucha, comprensión y aprendizaje para aquellos seres queridos de personas con problemas de drogadicción. A diferencia de otros grupos de apoyo, Nar-Anon se basa en los mismos principios espirituales de los doce pasos que sostienen agrupaciones como Alcohólicos Anónimos, lo que genera una conexión natural con el entorno de la iglesia donde funciona. La espiritualidad, sin estar atada a un credo específico, atraviesa cada encuentro como una herramienta de sanación interior.

Una de las ventajas más destacadas de este punto de encuentro es la accesibilidad. La ubicación sobre la calle Presidente Hipólito Yrigoyen, una de las arterias principales de Florida, facilita la llegada tanto en vehículo particular como en transporte público. La estación de tren de Florida y varias líneas de colectivo tienen paradas a poca distancia, lo que convierte al lugar en una opción viable para residentes de Vicente López, San Isidro, San Fernando y otros partidos cercanos. El fácil acceso es especialmente importante para quienes asisten en momentos emocionalmente difíciles y necesitan reducir al mínimo los obstáculos logísticos.

Las reuniones del grupo se desarrollan en un horario fijo que se mantiene estable semana tras semana, lo que permite a los asistentes organizar su agenda con previsibilidad. Esta regularidad es especialmente valorada por quienes atraviesan momentos de crisis, ya que saber que existe un espacio disponible en un día y hora concretos aporta una sensación de seguridad emocional. La estructura de las sesiones sigue un formato similar al de otros grupos de doce pasos: se comparten experiencias, se leen textos guías y se fomenta la participación voluntaria sin obligación de hablar si no se desea. La dinámica de las misas y reuniones religiosas sirvió de inspiración para ordenar los encuentros bajo un esquema respetuoso y meditativo.

La atmósfera que se vive dentro del templo durante las reuniones resulta determinante para el proceso de recuperación emocional de los familiares. Las paredes de la parroquia ofrecen un entorno cargado de simbolismo espiritual que muchos asistentes encuentran reconfortante. La posibilidad de rezar, encender una vela o simplemente permanecer unos minutos en silencio antes o después de la sesión contribuye a aliviar el peso emocional que suelen cargar quienes conviven con la adicción de un ser querido. Esta posibilidad de combinar contención psicológica con momentos de recogimiento espiritual resulta uno de los grandes diferenciales de participar en un grupo que funciona dentro de una iglesia.

Otro aspecto positivo que mencionan los asistentes es el de la confidencialidad. Todo lo que se comparte durante las reuniones queda dentro del grupo, lo que crea un clima de confianza propicio para abrirse sin temor al juicio. Esta premisa, combinada con el anonimato, resulta fundamental para que personas que atraviesan situaciones dolorosas puedan expresarse con libertad. Las capillas y parroquias históricamente han sido espacios de confesión y reflexión, y este grupo aprovecha esa tradición para ofrecer un santuario emocional donde cada palabra dicha queda protegida por el respeto mutuo.

El grupo no cobra cuotas ni exige aportes económicos. Cualquier persona puede acercarse y participar sin necesidad de inscripción previa, presentar documentación o comprometerse con la asistencia. Esta política de puertas abiertas elimina barreras económicas y administrativas que podrían impedir el acceso a quienes más lo necesitan. El sostenimiento económico del grupo se realiza a través de donaciones voluntarias, una práctica habitual tanto en los grupos de autoayuda como en las iglesias que los albergan. Esta filosofía garantiza que la ayuda llegue a todos por igual, sin distinciones.

Entre los puntos que podrían considerarse mejorables se encuentra la señalización exterior del lugar. Al tratarse de una parroquia que comparte espacio con múltiples actividades, puede resultar confuso para un visitante que asiste por primera vez saber exactamente dónde se reúne el grupo Nar-Anon. Algunos asistentes recomiendan contactar previamente con algún miembro o buscar información actualizada en los canales oficiales del movimiento Nar-Anon Argentina para confirmar horarios y ubicación exacta dentro del templo. Esta pequeña dificultad de orientación es común en los templos que albergan múltiples actividades simultáneas.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, al estar alojado en una iglesia, el grupo adopta ciertos principios espirituales que forman parte del programa de recuperación. Si bien no se impone ninguna religión a los participantes, las referencias a un poder superior o a la espiritualidad son recurrentes en las lecturas y los principios rectores. Esto puede resultar un obstáculo para quienes se sienten incómodos con el componente religioso o que prefieren un enfoque estrictamente laico. Es importante que cada persona evalúe si este marco espiritual se condice con sus convicciones antes de comprometerse con la asistencia regular.

También vale la pena mencionar que el grupo funciona en un espacio físico compartido, por lo que la disponibilidad de salas puede depender de la agenda de la parroquia. En ocasiones especiales, como festividades religiosas, bodas, bautismos o misas importantes, el calendario de reuniones podría verse alterado. Quienes dependen de este espacio como parte de su rutina terapéutica recomiendan planificar y mantenerse informados sobre posibles cambios a través de los contactos habituales del grupo. La coordinación con las actividades propias del templo es parte de la convivencia dentro de la iglesia.

Para quienes buscan iniciar el camino en Nar-Anon, el primer paso es simplemente asistir a una reunión. No se requiere experiencia ni conocimiento previo del programa. El ambiente cálido y empático que caracteriza a estos grupos, potenciado por el marco espiritual que brinda la iglesia, genera una primera impresión generalmente positiva. Los miembros más experimentados suelen recibir a los recién llegados con naturalidad, comparten sus propias historias y explican el funcionamiento básico del grupo. Quienes llegan por primera vez suelen destacar la ausencia de presión y el acompañamiento respetuoso que reciben de los feligreses y asistentes habituales.

El programa de doce pasos que sustenta a Nar-Anon ofrece herramientas concretas para quienes conviven con la adicción de un familiar. Aprender a fijar límites sanos, comprender que no se puede controlar el consumo del adicto, reconocer los propios patrones de comportamiento y encontrar apoyo emocional son algunos de los objetivos centrales. La parroquia se convierte así en un espacio de aprendizaje continuo donde cada reunión aporta una nueva perspectiva o una estrategia aplicable a la vida cotidiana. La sabiduría compartida entre los asistentes funciona como un verdadero manual de supervivencia emocional.

En definitiva, el Grupo de Familia Nar-Anon que funciona en esta iglesia de Florida representa un recurso valioso para la comunidad de Vicente López y sus alrededores. La combinación de un marco espiritual respetable, un programa estructurado de recuperación y una ubicación accesible lo convierten en una opción a considerar para cualquier persona que necesite apoyo emocional frente al flagelo de la drogadicción. Si bien presenta algunas limitaciones logísticas propias de un espacio compartido, los beneficios de contar con este tipo de contención en la zona norte del Gran Buenos Aires son notables y merecen ser conocidos por quienes transitan estas difíciles realidades.

Para quienes estén interesados en conocer más detalles sobre horarios, actividades complementarias o principios del programa, se recomienda buscar información en los sitios oficiales del movimiento Nar-Anon, donde también es posible encontrar otros grupos cercanos que funcionen en distintas capillas y parroquias de la región. La red de apoyo de Nar-Anon es extensa y suele estar disponible en los momentos más críticos que pueda atravesar una familia. Acercarse a esta iglesia de Florida puede ser el primer paso hacia una transformación profunda en la manera de enfrentar la enfermedad de un ser querido.

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