Iglesia Stella Maris
AtrásLa Iglesia Stella Maris se alza como una de las parroquias más emblemáticas y antiguas de la ciudad de Mar del Plata, en la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Situada en la loma más alta del barrio que lleva su mismo nombre, en Almirante Brown 1074, esta capilla de estilo neogótico constituye un verdadero ícono patrimonial, arquitectónico y espiritual para vecinos, fieles y turistas que recorren la costa atlántica.
Su historia se remonta a principios del siglo XX, cuando en 1908 se colocó la piedra fundamental de un ambicioso proyecto diseñado por el arquitecto Emilio Hurtré y construido por la firma Besozzi-Romanín. La obra fue posible gracias al impulso de la familia de Ana Elia de Ortiz Basualdo, junto con la colaboración de vecinos del barrio y el apoyo de la Armada Argentina. Finalmente, la iglesia fue inaugurada entre 1910 y 1912, convirtiéndose en la primera del país en consagrar el culto a la Virgen Stella Maris, patrona de los pescadores y de los marinos. Fue declarada de interés patrimonial por la comuna local, lo que resalta su relevancia dentro del casco histórico marplatense.
La fachada exterior impresiona a primera vista: una construcción en piedra con una aguja central recubierta de tejuelas de pizarra de color gris, rematada por una cruz de hierro negro. El acceso principal se realiza por la calle Brown a través de un pórtico con arco de medio punto, techado a dos aguas. En el conjunto se destacan la torre-campanario con un reloj de estilo Westminster, el nártex, el rosetón y los contrafuertes que otorgan solidez y verticalidad al edificio, rasgos típicos del lenguaje neogótico.
En el interior, el cuidado por los detalles se hace evidente. El altar mayor, de mármol con aplicaciones de bronce y esmalte azul, se combina con arcos ojivales y un mural contemporáneo que representa el mar, incorporado en 1940. Este mural, junto con el juego de luces que producen los vitrales, genera una atmósfera contemplativa única. El piso de mayólicas azules y amarillas aporta un detalle cromático muy distintivo, mientras que las pilas de agua bendita situadas a la entrada invitan a un momento de recogimiento desde el primer paso.
El corazón espiritual de la parroquia es la imagen de la Virgen Stella Maris, una escultura esculpida en mármol en París por el artista francés H. Weigel, discípulo de Rodin. La pieza se presenta sobre un pedestal que simula el movimiento de las olas, con una corona de cristal de roca y un halo de estrellas, atributos que la vinculan directamente con el mar y la navegación. Su festividad se celebra el 2 de febrero, una fecha especial que reúne a fieles y a miembros de la Armada Argentina en una emotiva celebración, con la tradicional procesión de la imagen al ritmo de la música y el lanzamiento de rosas.
La capilla pertenece a la congregación de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, una comunidad de religiosas mujeres fundada en 1884 por el sacerdote jesuita José María Bustamante. En el mismo predio funciona el Instituto Stella Maris “Adoratrices”, una reconocida institución educativa de la ciudad que ofrece los niveles Inicial, Primario y Secundario, y que trabaja bajo el carisma adoratriz. Esta presencia educativa y pastoral convierte al complejo en un punto de referencia para muchas familias marplatenses y exalumnos que suelen regresar para celebrar bodas, bautismos y comuniones.
Visitar la iglesia es una experiencia que combina espiritualidad, arte e historia. Numerosos visitantes destacan la profunda paz que se percibe al cruzar el umbral, la atmósfera propicia para la oración, la reflexión y la conexión interior. La suave música de fondo, la iluminación cuidada del altar y la imagen de la Virgen con el mar como telón de fondo generan una sensación que permanece en la memoria. Quienes ya pasaron por allí recomiendan dedicar tiempo a observar los vitrales, las columnas y el friso detrás del altar, que aportan una profundidad visual que hace parecer que el océano está literalmente presente dentro del templo.
Para quienes deseen asistir a la misa, los horarios habituales son: de lunes a viernes a las 8:00 horas (excepto feriados), los sábados a las 19:00 y los domingos a las 11:00 y a las 19:00 horas (en verano, la segunda misa se traslada a las 20:00). En tanto, el templo abre sus puertas en invierno de 7:30 a 12:00 y de 16:30 a 18:00, mientras que en verano el horario se extiende de 7:30 a 12:30 y de 17:00 a 20:00. Es importante tener en cuenta estos horarios, ya que por motivos de seguridad y conservación la capilla suele permanecer cerrada fuera de los mismos y durante el horario de misa, una situación que ha generado quejas entre quienes llegan y no pueden ingresar.
Entre los puntos fuertes que destacan quienes la conocen se cuentan su cuidada arquitectura neogótica, la vistosidad del altar con la imagen de la Virgen, la tranquilidad del entorno, la buena disposición del personal de secretaría y la entrada gratuita. La cercanía con la Torre Tanque, otro punto histórico de la ciudad, permite combinar la visita con un recorrido turístico por la loma de Stella Maris, una zona de calles tranquilas y residencias de singular valor arquitectónico. Por testimonios de usuarios, la secretaria del templo suele tener la amabilidad de permitir el ingreso a los visitantes que llegan fuera de horario, e incluso encender las luces del altar para una mejor apreciación, un gesto que resaltan muchos fieles y turistas.
No obstante, la iglesia enfrenta algunas dificultades que es justo mencionar. Varios asistentes han señalado la presencia de humedad en algunas paredes, un problema propio de un edificio con más de un siglo de antigüedad. Otros han mencionado que las misas resultan algo extensas o que los cantos grabados no terminan de convocar la participación activa de los fieles. También se han registrado quejas puntuales por la falta de comunicación telefónica para confirmar horarios o eventos, y por situaciones incómodas protagonizadas por quienes asisten regularmente sin mantener el debido silencio en el interior. La reciente obra de “puesta en valor”, que incluyó el tapiado temporal de una ventana y la presencia de un puesto de ventas en la calle lateral, también fue objeto de críticas por el impacto visual que generó en la fachada.
Más allá de estas cuestiones, la Iglesia Stella Maris se mantiene como un sitio de visita obligada para quienes desean conocer el alma histórica y religiosa de Mar del Plata. Su condición de primera parroquia del país dedicada a la patrona de los navegantes, su valiosa arquitectura, y el ambiente silencioso que la rodea la convierten en una pieza invaluable del patrimonio cultural y espiritual de la región. Si estás recorriendo la ciudad, unas pocas horas allí bastarán para entender por qué tantos la recomiendan y por qué sigue siendo, después de más de cien años, un refugio de paz, arte y fe para marplatenses y visitantes.