Ermita de San Roman
AtrásLa Ermita de San Román constituye una de esas manifestaciones de fe católica que permanecen inalterables frente al paso del tiempo, en medio del paisaje rural del sur de la provincia de Buenos Aires. Ubicada en el pequeño poblado de San Román, dentro del partido de Coronel Dorrego, esta construcción modesta se ha transformado con los años en un punto de referencia espiritual para quienes recorren la zona y buscan conectar con la religiosidad popular que caracteriza a los pueblos del interior bonaerense.
Lejos del bullicio de las grandes parroquias urbanas, esta capilla rural guarda una historia singular que comienza con el gesto desinteresado de un artista. La Ermita de San Román alberga dos tallas de madera de notable valor artístico y religioso: el “Cristo de la Misericordia” y el “San Román”, piezas creadas por el escultor gitano de origen español Luis Cortés Rodríguez, quien decidió donarlas para que pudieran ser veneradas en este apartado rincón del territorio argentino.
El origen de las imágenes se remota hasta Barcelona, España, donde el artista talló ambas figuras con la dedicación que caracteriza a quienes viven entregados al arte sacro. La primera en llegar a la ermita fue el Cristo de la Misericordia, trasladado a través del Atlántico por Marta Pozzoni, mientras que algunos años después Gerardo Tiradani tuvo a su cargo el periplo de la imagen de San Román, también desde tierras catalanas. Este recorrido internacional le confiere a la capilla un carácter especialmente significativo, ya que sus imágenes religiosas atravesaron miles de kilómetros para encontrar su destino definitivo en la pampa austral.
Un templo integrado al paisaje rural
La construcción se emplaza en lo que los visitantes definen como un auténtico “pueblito rural”, donde la tranquilidad del campo bonaerense se convierte en el escenario ideal para la reflexión y la devoción. A diferencia de las grandes iglesias céntricas, la Ermita de San Román se integra al entorno con una impronta humilde pero emotiva, rodeada de la calma que distingue a los pequeños asentamientos del sur de la provincia.
El edificio no compite en dimensiones ni en ornamentación con las grandes parroquias de la región, y esa es precisamente una de sus cualidades más destacadas. Quienes se acercan a la capilla valoran la sencillez del lugar, la posibilidad de apreciar la escultura religiosa en un ambiente recogido y la sensación de encontrarse frente a un patrimonio espiritual auténtico, sin las distracciones propias del entorno urbano.
Las tallas como verdadero tesoro
El verdadero patrimonio de la Ermita de San Román lo constituyen las dos tallas de madera mencionadas. La factura del escultor Luis Cortés Rodríguez sobresale por un dominio del trabajo en madera que se aprecia en la expresión facial de las figuras, los pliegues de los ropajes y la sensación de movimiento que transmiten ambas representaciones. La madera, material noble por excelencia en la escultura religiosa, adquiere en estas piezas una calidez particular que las fotografías no terminan de capturar del todo.
Para los amantes del arte sacro, la ermita se convierte en una visita obligada al recorrer la zona. Las imágenes han sido mantenidas y cuidadas a lo largo de los años, aunque como sucede con muchas capillas rurales del interior, la conservación depende en gran medida del esfuerzo de la comunidad local y de los visitantes que colaboran para preservar este legado espiritual.
Cómo llegar y qué considerar antes de la visita
Antes de emprender el viaje hacia la Ermita de San Román, es importante tener en cuenta algunos aspectos prácticos. Al tratarse de una capilla situada en un pueblo rural, no cuenta con horarios fijos de apertura como las grandes iglesias de los centros urbanos. Los viajeros que han pasado por el lugar recomiendan consultar previamente con los vecinos del pequeño poblado, ya que el acceso al templo puede variar según la disponibilidad de quien tenga las llaves o esté a cargo del cuidado del espacio.
Otro aspecto a considerar es la ubicación geográfica. La ermita se sitúa en las coordenadas del partido de Coronel Dorrego, una zona netamente agrícola-ganadera del sur bonaerense. Quienes lleguen desde ciudades más importantes deberán planificar un viaje con tiempo, ya que la distancia hasta el poblado de San Román puede resultar considerable dependiendo del punto de partida. En este sentido, se recomienda revisar el estado de los caminos rurales, especialmente en épocas de lluvia.
La señalización para llegar hasta la capilla no siempre resulta clara, algo habitual en las ermitas rurales que no forman parte de los grandes circuitos turísticos. Por eso, contar con un GPS o consultar previamente el recorrido con alguien que conozca la zona resulta fundamental para evitar sorpresas durante el trayecto.
La experiencia de quienes la visitaron
Las personas que han tenido la oportunidad de conocer la Ermita de San Román coinciden en resaltar la calidad de las esculturas y la impronta emocional que transmite el lugar. La factura artística del trabajo de Luis Cortés Rodríguez suele ser el comentario más frecuente entre los visitantes, junto con la sensación de paz que aporta el entorno rural. La mayoría de quienes se acerca valora muy positivamente la experiencia y recomienda la visita, especialmente a quienes transiten por la zona o se interesen por el turismo religioso del interior.
Entre los puntos que podrían mejorarse, algunos visitantes señalan que la señalización para acceder a la capilla no siempre es la adecuada, algo típico en los lugares de culto que no están integrados a los grandes recorridos turísticos. También mencionan que la iglesia podría beneficiarse de una mayor difusión para que más personas conozcan su existencia y puedan apreciar las imágenes religiosas que custodia con tanto celo la comunidad.
Una parada distinta en el sur bonaerense
La Ermita de San Román representa ese tipo de lugares de culto que forman parte del acervo cultural y espiritual de los pueblos pequeños. En un país donde predominan las grandes parroquias y basílicas, estas capillas rurales mantienen viva una tradición de devoción cercana y popular, donde la comunidad participa activamente en la conservación del patrimonio religioso.
Para los amantes del turismo religioso o para quienes simplemente quieran conocer un rincón auténtico del sur de la provincia de Buenos Aires, esta ermita ofrece una experiencia diferente. La combinación de arte sacro, historia y paisaje rural la convierte en una parada interesante, especialmente para quienes recorren la zona de Coronel Dorrego y buscan propuestas alejadas de los circuitos más tradicionales.
También resulta una visita recomendable para los interesados en el patrimonio artístico de la iglesia católica, ya que las tallas del escultor Luis Cortés Rodríguez constituyen un ejemplo singular del trabajo en madera dentro del ámbito de las ermitas rurales argentinas. Pocas capillas del interior bonaerense pueden ufanear de contar con piezas de este origen y calidad.
Una invitación a acercarse
Si te encontrás recorriendo el sur de la provincia de Buenos Aires, date una vuelta por la Ermita de San Román y descubrí por vos mismo este pequeño tesoro de la fe católica popular. La visita no requiere de grandes preparativos, aunque sí de cierto interés por el arte religioso, la historia de los pueblos del interior y la devoción que mantienen viva pequeños poblados como San Román.
Con paciencia y respeto, la capilla te recibirá con la calidez de quienes custodian este legado espiritual. Es conveniente comunicarse previamente con vecinos o autoridades locales para coordinar el acceso, y recordar que el templo no funciona como una parroquia tradicional con misas regulares, sino como un espacio de veneración y visita. Acercarte a la Ermita de San Román es, en definitiva, una manera distinta de conocer el interior profundo de la provincia de Buenos Aires y su rica tradición de devoción católica.